Reseña
Este libro analiza por qué los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI han tenido dificultades para generar transformaciones estructurales profundas, pese a sus discursos y proyectos de cambio. La autora sitúa este fenómeno en el marco de una transición hegemónica global: el desplazamiento del liderazgo internacional de Estados Unidos hacia un nuevo polo de poder —con China emergiendo como contendiente— que todavía no se ha consolidado.
A través de una comparación histórica, Rubio revisa también la transición hegemónica previa, la que condujo del dominio británico al estadounidense. Durante ese momento histórico, en América Latina surgieron gobiernos populistas clásicos en un contexto donde las viejas oligarquías agroexportadoras ya estaban en declive y el capital industrial ganaba fuerza. Este escenario permitió que dichos gobiernos impulsaran cambios estructurales relevantes.
En contraste, los gobiernos progresistas actuales nacen en una fase temprana de la transición hegemónica contemporánea. Aquí, el neoliberalismo continúa siendo dominante y mantiene su influencia a través del capital financiero, corporativo y especulativo. Esta persistencia del orden neoliberal limita el margen de acción para proyectos alternativos, pues aún no se vislumbra una nueva clase dirigente capaz de liderar un modelo de desarrollo diferente. Rubio síntesis esta situación afirmando que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no logra surgir”.
El libro ofrece un marco teórico y un análisis histórico que ayudan a entender las tensiones actuales entre populismo, progresismo, hegemonía y estructuras económicas globales. También aporta elementos para reflexionar sobre los desafíos de los gobiernos que buscan transformaciones profundas en un momento en el que la correlación de fuerzas internacionales no favorece las rupturas.