Reseña
En el libro se escribe, en tono metafórico y crítico, la presencia creciente de una élite que actúa como si fuera “alienígena”: personas instaladas en puestos de poder —empresas, gobiernos, medios, centros de investigación— que se consideran maestras del universo y conciben la Tierra como un recurso desechable. Esta mentalidad impulsa la idea de que nuestro destino está fuera del planeta, fomentando una actitud productivista y extractivista que trata la biosfera como algo que se puede usar y abandonar.
El autor advierte que este impulso de “huida hacia el cosmos” forma parte de un movimiento más amplio de escape de la condición humana, una tendencia antropófuga que debe ser tomada en serio y contra la que hay que resistir. Critica la “mentalidad del cowboy”, basada en llegar, explotar y marcharse, ya insostenible en un planeta finito cuya frontera ya se ha alcanzado.
Frente a esta visión, se propone aprender a cuidar la Tierra desde múltiples sensibilidades: con el cariño de una hortelana, la reverencia espiritual de un ermitaño, la fraternidad franciscana o la admiración indígena. Ser guardianes de la finitud implica audacia, sí, pero no una audacia desmedida: se trata de asumir límites y responsabilizarse del mundo que habitamos.